Autocurator día 4

Added on by Josefina Andrés.
Día 4
Pensamiento
Voy paseando hasta Colette. 

Colette y Opening Ceremony son mis tiendas favoritas del mundo, por su selección deliciosa, con sabor propio y con lo que es casi su propia cultura interna. 
Siempre me paso horas en su web pero nunca antes había entrado, y eso que he pasado decenas de veces por la puerta. Me daba cierto ansiedad, como si mis ojos fueran a ser incapaces de digerir tantas prendas bonitas escogidas para ser vividas en París.


Me armo de valor y entro. Voy a la planta superior y miro a mi alrededor como si estuviera en un museo o como si estuviera en un barco pirata rodeada de tesoros. Toco cada prenda con la celeridad que merece, me enamoro de unos pantalones de lana de COMME des GARÇONS que la persona que quiero ser compraría.

También siento flechazo inmediato por un vestido de Gareth Pugh, y es la primera vez que toco algo suyo, y recuerdo cuando le descubrí, a él y a su alocado y desbordado talento que salió de un estúpido reality televisivo en 2003 y me golpeó en la cara muy fuerte y tuve que ir corriendo a por un boli para apuntarme en la mano su nombre y que no se me olvidara nunca. Y 10 años después, aquí estoy yo tocando este vestido, que es maravilla negra y envolvente. Pienso que en el me sentiría a salvo, como nadando en mi propio oceano de oscuridad evitando el contacto con la realidad gracias a este vestidoaura de nebulosidad, protectora y aislante.


Luego veo este vestido de Christopher Kane, y es tan bonito que me emociono. Lo acaricio como si fuera un animal desvalido o una escultura que sabes lleva la historia en su piel. 
Es casi conceptual. Es un vestido que dice, soy precioso y aunque tenga heridas soy brillante y lleno de energia, porque he luchado y sigo aquí. Me imagino con él paseando por París, enfundada en deportivas y convertida en un satélite rosa que refleja la luz, como una pequeña luna de lo gris.

Información
Pasamos por el arco del triunfo y Wout que es un amigo holandés me cuenta que en su interior hay una llama eterna que los veteranos de la guerra encienden cada día a las 18,30 desde 1923 en honor al soldado desconocido. Entonces me paro y pienso en lo alucinante y romántico que es, y mi amigo se rie un poco de mí porque alucino un montón, pero es que pienso que el hecho es como la ciudad de París, un pequeño poema, cargado de romanticismo y tinieblas. Y eso me hace temblar.